Mas allá del 6-D

30 Nov, 2015 | Haga un Comentario

Por: José Vicente Rangel

1 A seis días de la prueba comicial de diciembre para elegir a los miembros de la Asamblea Nacional, conviene hablar sobre la perspectiva que se abre a partir de esa fecha. Es decir, de los días siguientes, si es que se impone la racionalidad con el consiguiente reconocimiento de los resultados, y no su desconocimiento, lo cual provocaría violencia. Aspiro que la extrapolación de lo que acaba de suceder en Argentina no se reduzca solo a la exaltación de la victoria de Macri, el candidato de la derecha, sino también al ejemplo cívico dado por el gobierno y el kirchnerismo, cuando sin ningún tipo de vacilación reconoció de inmediato la derrota con un margen precario.

2 No está demás recordar el comportamiento que tuvo la oposición venezolana en la oportunidad en que Maduro derrotó a Capriles con un porcentaje de votos similar al que logró Macri sobre Scioli. En vez de aceptar el veredicto popular procesado por el Consejo Nacional Electoral, se alzó contra la institucionalidad democrática y llamó a la violencia con saldo de víctimas humanas y daños materiales. Por eso que el dato del reconocimiento del resultado comicial es clave para la perspectiva post 6-D. Es la prueba de fuego. La que califica o descalifica el talante democrático de los competidores. La que lo pone a prueba. Hasta ahora la interrogante se plantea con el sector opositor que, sistemáticamente, se niega a firmar lo que llama “un cheque en blanco”. Tal figura no existe. La aceptación de las partes de un resultado electoral es una obligación que proviene de la ley. Es lo que garantiza el juego democrático. En Argentina acaba de plasmar ese concepto, más allá de cualquier otra consideración como, por ejemplo, si se impuso la derecha y la izquierda perdió. De las consecuencias inmediatas y futuras de este cambio. De los cuestionamientos al modelo económico y social que propone el vocero neoliberal vencedor, que es algo que compete a los argentinos y latinoamericanos.

3 Si los venezolanos sorteamos con éxito -me refiero a que el 6-D no lo empañe la violencia cuando se conozcan los resultados- hay que abordar temas básicos. Hay muchos, pero los principales para mí son la respuesta que hay que dar, cuanto antes, a una realidad que nos afecta a todos por igual: la división. El país está hastiado de una polarización que consume energías e impide asumir con criterios integradores y de eficiencia los grandes problemas nacionales. El reto que ante todo encaran tanto el chavismo como la oposición es el logro de la reconciliación. Una iniciativa que restañe heridas y normalice la relación entre los venezolanos.

4 Luego están las redefiniciones sobre el papel que cumplen en una democracia como la venezolana los Poderes Públicos. Las competencias. La urgencia de compatibilizar las propuestas programáticas de los diversos factores que integran la nación. Sin duda que hay que profundizar logros sociales incuestionables y fortalecerlos en el marco de la participación. También se impone corregir con urgencia errores y desaciertos de lado y lado, todo lo cual solo es posible en un escenario de diálogo sin exclusiones, sin imposiciones, que desbloquee la actual incomunicación. Lo que escribo es parte de un rápido paneo que hago mirando más allá del mítico 6-D. Consciente de que el país no desaparece ni se hunde en esa fecha sino que la trasciende. ¿De qué manera? Si salimos ilesos de la prueba de ese día, lo que visualizo es trabajo y más trabajo, diálogo y más diálogo, voluntad de armonizar puntos de vista y el rechazo de las actitudes sectarias. Amanecerá y veremos.

Laberinto

Si alguna duda quedaba acerca de la confabulación internacional contra Venezuela, contra el proceso bolivariano y el gobierno constitucional y democrático de Nicolás Maduro, ésta se esfumó con la actitud de la Corte Suprema de Justicia de Chile sobre la política interna de nuestro país. Algo insólito en una institución encargada de impartir justicia, que desconoce la situación venezolana y actúa con base a lo que le informan voceros de la oposición que, como es lógico, dan sus versiones particulares sin que exista posibilidad de que la parte afectada, en este caso Venezuela, sea escuchada. ¿Qué intereses se movieron para que el supremo Tribunal de justicia del país austral adoptara semejante posición? Sin duda que oscuros compromisos con factores de poder, allá, en el sur, y en la región. No me atrevo a decir que lo crematístico influyó en la decisión, pero sí algo innombrable que lesiona la imagen y el prestigio del alto Tribunal…

No entiendo, por ejemplo, cómo la Corte Suprema chilena ordena al gobierno a que se pronuncie sobre al caso López invadiendo atribuciones del Ejecutivo, ya que la competencia en materia de política exterior está reservada a este Poder. ¿Acaso no le importa a los magistrados preservar la relación con un país como Venezuela que en los días trágicos de la dictadura de Pinochet hizo causa común con el pueblo chileno, objeto de la más implacable represión, ante la cual esa instancia de la justicia guardó ominoso silencio?…

Pero hay más. Un brillante y valiente periodista chileno, torturado y preso en un campo de concentración de la dictadura, Manuel Cabieses, director de la revista Punto Final, se refirió a la infame decisión que comento, mencionando hechos que ocurren en esa nación violatorios de los derechos humanos, ante los cuales la Corte Suprema se inhibe: Violencia sistemática contra la población mapuche; represión brutal contra manifestaciones pacíficas; tortura y desaparición de personas detenidas por Carabineros; hacinamiento y condiciones degradantes en las cárceles y, finalmente, acota: “Leopoldo López goza de mejores condiciones en la cárcel que los presos de Punta Peuco”. ¿Cómo reaccionaría Chile si el Tribunal Supremo venezolano imitara a la Corte de esa nación con una decisión sobre casos como los que revela no solo Cabieses, sino muchos otros? Lo que es igual no es trampa, dice el refrán…

Ese personaje siniestro que es el neoliberalismo, que entra y sale del poder constantemente, que vuelve a éste en tiempos de crisis, cargado con promesas envenenadas, contra las cuales los pueblos reaccionan después de incurrir en un acto de desesperación o de inocencia, retorna a Argentina para júbilo de la derecha mundial, y, sobre todo, de aquella que piensa que igual pasará en otros países -léase Venezuela-. Pero resulta que la música no suena igual en todas partes. El resultado que le dio el triunfo a la derecha argentina no la satisfizo del todo. Las encuestas pronosticaban una victoria con más de 15 puntos de ventaja para Macri, y, a la postre, fue de solo 2 puntos. El kirchnerismo, en una situación compleja, difícil, mostró su poder popular. El vencedor, más allá de la euforia transitoria, no las tiene todas consigo. Su plan de desmontar las conquistas sociales y aplicar una política económica de ajustes, privatizaciones y recortes en la inversión social, basada en el modelo neoliberal que ha fracasado en la región, es un salto al vacío. Argentina ya lo vivió durante la dolorosa experiencia de los gobiernos de Menem y de la Rúa. Ojalá que no se repita, pero el recuerdo flota como presagio. No llores después Argentina…

Pregunta: ¿Acaso no es una demostración de inmadurez, una torpe provocación, signo de debilidad ante presiones internas de la ultra, los EE.UU. y los fantasmas de la oposición venezolana el anuncio de Macri, en su primera rueda prensa, planteando la aplicación de la Carta Democrática a Venezuela? ¡Qué riñones!

Tomado de la Columna EL Espejo/ José Vicente Rangel jvrangelv@yahoo.es

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