Cerveza cara y escasa: táctica del chantaje espirituoso

31 Jul, 2015 | Haga un Comentario

Cerveza Polar

Por: José Roberto Duque

Que la cerveza va a escasear y que ya se están produciendo anuncios y hechos concretos al respecto es algo patente. Los expendios (licorerías y bares) están recibiendo cada vez menos y cada vez más lentamente la bebida que durante más o menos 80 años se nos impuso como estandarte de la actividad lúdica más difundida: caerse a palos.

Y los consumidores compulsivos, que no terminan de aceptar que la cerveza no es una necesidad (pero al final emborracharse con cerveza o con lo que sea es un derecho, o al menos no es ilegal) han cedido masivamente a la extorsión y ya es norma que, cuando hay liquidez en la calle, la gente paga prácticamente lo que le pidan para satisfacer sus anhelos de consumo.

La hermana mayor del bachaqueo, que es la especulación, ha comenzado a hacer acto de presencia en este ámbito de manera furiosa; hace dos meses el precio de una cerveza en cualquier barra tocó la barrera psicológica de los 50 bolívares, hoy se vende a 80 y, si la escalada chantajista de las grandes cerveceras prospera, en agosto ya costará 100 bolívares. Pero el objetivo de la Polar, más allá de los simples números (sale mejor vender 6 cajas de cerveza a 2.500 que 10 cajas a 1.000: saque la cuenta) es de otra naturaleza. Más abajo le hincaremos el diente a esta chapa.

Mientras esto ocurre con las birras, en los alrededores se ha registrado un fenómeno previsible: el ron ha ganado adeptos (compradores; recordar siempre que estamos hablando de un fenómeno capitalista que se mide en billetes), dicen por ahí que debido a la casi imposibilidad de los sectores populares de acceder al whisky. La AFP ha divulgado una curiosa medición (http://www.diariolavoz.net/2014/10/02/afp-el-ron-aprovecha-la-crisis-para-ganarle-terreno-al-whisky-en-venezuela/) hecha por la Wine and Spirit Research (Iwsr), algo así como una organización dedicada a detectar con qué se están emborrachando los borrachos en el mundo.

Un poco más “abajo” en la escala de los licores según su precio, los cultores del cocuy están recibiendo un también previsible ataque. Previsible, porque el sostenido auge de esta bebida ancestral, patrimonio cultural del estado Lara, estaba roncándole en la cueva al oso (y a la catira regional).

Hasta hace unas pocas semanas, y más o menos desde el año 2005, cuando se levantó la prohibición de comercializar fuera de un ínfimo circuito industrial, los destiladores y expendedores del cocuy de penca no necesitaban mayores permisos para producirlo y venderlo. Por ley, los productos patrimoniales no pagan IVA, sus vendedores no requieren de licencias de expendio de licores y los destiladores no pueden ser objeto de persecución criminal. Pero ya desde el estado Lara el diputado Julio Chávez está reportando movimientos de ajedrez del empresariado, que está consiguiendo reponerle viejos obstáculos a la noble industria cocuyera.

Hasta aquí todo se explica y entiende a partir de cifras y del análisis del control del mercado. Tan fácil como eso: las cerveceras quieren aumentar exponencialmente el precio de la cerveza, a la que antes “desaparecerán” para crear la sensación de que ahora, luego de décadas de instalada la etiqueta de “bebida popular”, se trata de una rara exquisitez. Pero hay un dato más complicado de entender, como no sea a través del cristal de la inmensa operación sicológica que se ha desatado contra el pueblo venezolano, y a través de la revisión de algunas tácticas criminales de cuarta generación, que por cierto son idénticas en el mundo hamponil y el empresarial.

No perder de vista: según la Organización Mundial de la Salud, en Venezuela se consume en promedio 8.9 litros de alcohol al año por persona (http://www.elmundo.com.ve/noticias/negocios/consumo/venezuela-es-el-tercer-pais-con-mayor-consumo-de-a.aspx). Estamos en el tercer lugar entre los consumidores de alcohol en Latinoamérica. Es decir, que el tamaño del fenómeno y el impacto de su manipulación y desestabilización es algo que nos afecta como conglomerado, queramos reconocerlo o no.

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En el estado Táchira tuvo lugar el año pasado una singular situación con la distribución de marihuana en un sector específico. El Barrio Equis (llamémoslo así para no terminar interviniendo en ese doloroso proceso) es una comunidad con una población mayoritariamente joven, consumidora habitual de marihuana en una notable proporción. En diciembre de 2013 se reportó una situación atípica: el “monte” desapareció súbitamente, y no se conseguía del natural ni su variante compuesta (el “cripi”).

Algunos de los expendedores más conocidos (jíbaros) que intentaron llevar la mercancía desde otros municipios recibieron la información y la advertencia de sus proveedores: no llevar más marihuana a ese sector. Usted podía llevar monte para cualquier otro lugar del estado o del país, pero si introducía marihuana en el Barrio Equis la maquinaria pesada del narcotráfico iba a ir por usted.

La marihuana no desapareció de allí por completo, por supuesto, pero cada “cuadro” costaba cinco o seis veces el precio de otras zonas. Un mes después los proveedores informaron que, en vista de la escasez de monte, ahora iban a introducir heroína en grandes cantidades y a precios de promoción. Heroína barata para una comunidad joven y entusiasta a la hora de las actividades deportivas y culturales; una comunidad que había desarrollado planes de siembra y construcción alternativa arriba en la montaña.

Otro mes más tarde estalló la locura guarimbera y ese sector, dotado de altos niveles de organización y de conciencia, fue neutralizado como zona de resistencia cuando entró en acción la ofensiva paramilitar. Juventud narcotizada: juventud inactiva.

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Todavía está por medirse el efecto de un corte súbito en el suministro de alcoholes de bajo precio en la población. El Conde del Guácharo soltó un “interesante” (perdonen ese calificativo) chiste el año pasado. Se quejaba el comediante de las restricciones para comprar algunos productos de la cesta básica: dos kilos de harina por persona, dos kilos de arroz, dos litros de aceite, dos pacas de espaguetis, dos de azúcar, etcétera. El comentario gracioso era: “La gente se va a arrechar es cuando Maduro dé la orden de vender nada más dos cervezas por persona, ahí sí va a reventar el peo”.

No vamos a convertir el chiste en análisis serio. Pero sí creemos en la intención de los chivos y dueños del mercado de lanzar el globo de ensayo, con la esperanza de que el chiste se les vuelva real. Total, nada pierden (por el contrario: les es muy rentable) intentarlo.

@DifundeLaVerdad