Aún a tiempo de frenar el golpe

07 Mar, 2016 | Haga un Comentario

Pronunciamiento de la derecha venezolana en apoyo al golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez en el año 2002

Por: ILDELGAR GIL

El rechazo de la bancada contrarrevolucionaria a la sentencia 9 del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), dictada el 1° de marzo y que define las responsabilidades de la Asamblea Nacional, es un tema a debatir profunda y continuamente. No debe la opinión pública, incluyendo a aquella que adversa a la Revolución Bolivariana, pasar esto por alto y permitir que otro tema desplace su atención. La razón de esta opinión es básica y sencilla: el acuerdo de la AN fue el último paso, o uno de los últimos, antes de poner en práctica el golpe de Estado institucional que de forma continuada y abierta ha anunciado la dirigencia oposicionista desde las instancias que ocupa.

Bien es sabido por todas y todos que las decisiones del TSJ son la máxima expresión de la nación. Tan cierta es esta máxima que el pueblo apela al humor cuando dicha instancia está cubierta, indicando que la única manera de cambiar algún dictamen es moviendo los hilos en la corte celestial. O sea, en ningún lado. No existe otra.

Del ánimo del colectivo no debe desaparecer este aspecto. Está obligado a debatirlo a objeto de elevar el nivel de su conciencia y ofrecer, en consecuencia, su aporte a una refriega conceptual e ideológica que impida la consumación del hecho inconstitucional. Más claro no canta un gallo: si los golpistas de ayer se atreven hoy a desconocer la autoridad del más alto tribunal quedan, apenas, a un paso de hacer lo mismo con el Ejecutivo Nacional.

Acostumbrados estamos a las asonadas cruentas y sangrientas, por lo que posiblemente no nos hemos percatado de ésta, barnizada con aparente espíritu democrático pero preñada de intenciones desestabilizadoras y que avanza cada vez con menos disimulo.

El pueblo, reiteramos, está en su legítima hora histórica de sumar –una vez más– su grano de arena, pero mantener con vida un cuerpo que juega diariamente a la desarticulación del Estado depende de otras instancias que más temprano que tarde, deberían proceder con la Carta Magna en la mano para evitar su extinción “legal”.

¡Chávez vive… la lucha sigue!

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